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lunes, 30 de septiembre de 2013

Sólo deja de fumar quien se lo propone

Así de sencillo. Esa es la premisa básica e indiscutible para conseguir abandonar para siempre el hábito tóxico más extendido en la actualidad. ¿Y en qué me baso? Podría esgrimir a favor de esta conclusión mi propia experiencia profesional con los pacientes, las múltiples sesiones de terapia de grupo que he dirigido, los años de consulta en los que he realizado las anamnesis a miles de personas o los casos que conozco entre mis familiares y amigos. Pero seré mucho más simple: lo digo porque es de sentido común.

¿Acaso alguien que disfruta con el tabaco está dispuesto a sufrir y cambiar para siempre? ¿Hay algún fumador sin motivación para dejarlo que no haya recaído al poco tiempo? Una cosa está clara, sin intención ni esfuerzo no habrá éxito. Así que si eres de los que disfrutas con el tabaco, de los que se sienten molestos con los que le proponen dejar de fumar… sencillamente, no lo intentes porque sólo conseguirás defraudar a quienes te aprecian y miran por tu salud.

En los años de ejercicio profesional me he encontrado con centenares de fumadores compulsivos que a lo largo de su vida han intentado dejar de fumar en innumerables ocasiones pero sin ningún éxito. En la mayor parte de los casos esas personas y sus familias habían perdido la fe en sí mismas, y consideraban cualquier nuevo intento de deshabituación como una pérdida de tiempo. Tras una breve charla era fácil darse cuenta de que en prácticamente ninguno de esos intentos por dejar de fumar la intención había sido sincera, sino que había estado motivada por un familiar cercano, por una promesa, por una apuesta… La mayoría de estas personas había consumido su propia credibilidad en apuestas que estaban perdidas de antemano. Los intentos fallidos suponen un enorme daño para quien, pasados los años, cambia su actitud hacia el tabaco y consigue por fin motivarse.

Una vez me encontré con un hombre de unos treinta y cinco años que reconocía haber intentado dejar de fumar en más de 10 ocasiones habiéndolo conseguido como mucho durante 7 semanas. Sus motivaciones eran del tipo “para no gastarme una pasta”, “para que mi novia me deje de dar la brasa” o “para que mi ropa no huela mal”, pero en aquella ocasión era distinto porque sufría un problema en un pulmón después de un accidente laboral y sabía que tenía que dejarlo si no quería complicaciones severas en el futuro. En esta ocasión sus motivos eran mucho más sólidos y su interés verdadero, pero los múltiples fracasos en el pasado hacían que dentro de su motivación sus expectativas de éxito fueran pocas. Lo más difícil fue conseguir que volviera a creer que podía conseguirlo y, una vez logrado este punto, el hombre consiguió dejar de fumar de manera definitiva en poco más de 3 meses. 

Tengo que reiterar que tras estudiar a fondo distintas técnicas de deshabituación tabáquica, y conocer de primera mano terapias de todo tipo (incluso las casi mágicas), la conclusión más indiscutible a la que he llegado es que, si quieres dejar de fumar, lo primero que debes hacer es proponértelo seria y sinceramente y después ya encontrarás la manera o terapia que más te convenza. 

En breve compartiré con vosotros una de las técnicas para dejar de fumar con la que más éxitos he logrado. No es sencilla, porque el objetivo tampoco lo es, pero en un tema tan serio como este lo que hay que buscar no es la rapidez sino que el resultado final sea exitoso. 
(Dentro de unos días subiré una entrada con un rápido test para medir el nivel de motivación y saber así si se es o no apto para un programa de deshabituación).

Si no tienes voluntad y no encuentras una motivación lo suficientemente sólida… ni te molestes en dejarlo. Simplemente sigue fumando, que lamentablemente ya te motivarás tarde o temprano.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Confirmado: menos cáncer, con mejores hábitos

Especialmente durante el último siglo el cáncer se ha convertido en el gran azote de la humanidad y se cobra anualmente la vida de millones de personas. Un reciente estudio presentado en el Congreso Europeo del Cáncer de Ámsterdam y publicado en la revista científica “Annals of Oncology”, refleja que la riqueza y el mayor gasto sanitario de un país están asociados tanto con una mayor incidencia del cáncer como con una menor mortalidad por esta enfermedad. Es decir, que cuanto más dinero se destina a la salud, menor es el número de muertes tras el diagnóstico de un cáncer. 
Según esta noticia podríamos llegar erróneamente a una conclusión: que la lucha contra el cáncer depende fundamentalmente de la inversión en la atención médica y los servicios asistenciales. Pero no debemos olvidar que existen más estrategias para enfrentarse a esta enfermedad y promover la salud (como ya conté en otra entrada de mi blog sobre el “Informe Lalonde”). 
No cabe duda de que en los países que más invierten en salud, la existencia de un mayor número de programas de cribado, que permiten detectar más casos de cáncer en fase tempranas (más abordables terapéuticamente) está consiguiendo excelentes resultados. La correlación entre mayor inversión y menor mortalidad también respondería a la mayor disponibilidad de tratamientos eficaces en estos países. Pero no hay que olvidar que cerca del 5% de los tumores malignos dependen del factor hereditario de la persona y más del 10% del medio ambiente o del entorno laboral en el que nos movamos.
¿A quién se le achacan el 85% de los cánceres? ¿Lo adivinas? Efectivamente: a los hábitos de vida, mejor dicho, a los malos hábitos de vida: el tabaco, el alcohol, el sobrepeso, las radiaciones solares, la mala alimentación, el sedentarismo o los ritmos de vida, entre otros, van alterando lentamente nuestro organismo para acabar produciendo en él los cambios que el cáncer necesita para desarrollarse.
Hay estudios médicos que estiman que tan sólo con mejorar dichos hábitos personales y el estilo de vida la incidencia del cáncer se reduciría en cerca de un 40% (algo que no deja de ser una estimación ya que el itinerario biográfico de cada tumor sigue siendo un misterio en la mayoría de los casos).
Una vez más la estrategia individual en la lucha contra el cáncer pasa por adoptar hábitos saludables y erradicar algunas malas costumbres. Gestos tan sencillos como incluir en la dieta cinco raciones diarias de verduras y frutas que nos aporten vitaminas y antioxidantes podrían ser la mejor decisión para empezar el cambio. Algo que mejoraríamos si consiguiéramos reducir el consumo de carnes rojas y procesadas como los embutidos, los alimentos ahumados o excesivamente salados.
Pero además de mejorar lo que comemos sería imprescindible abandonar el consumo de tabaco, moderar la ingesta de alcohol y pensar en sustituir el ascensor por las escaleras y sacar 30 minutos diarios para ejercitar nuestro cuerpo.
Ni aun siguiendo a rajatabla cada uno de estos consejos podremos librarnos completamente de la amenaza del cáncer, pero lo que sí podemos asegurar con total seguridad es que el peligro de padecerlo aumentará considerablemente si además de bebedor, también fumas… Y si además eres obeso… ¡espabila!