sábado, 28 de septiembre de 2013

Las "Urgencias" que no son urgentes y la "Educación para la salud"

Por pura comodidad o dejadez somos capaces de delegar en otras personas actos simples para cuidar o mejorar nuestro propio estado de salud. De manera consciente o inconsciente evadimos nuestras obligaciones y minimizamos nuestras habilidades, dejando que sean únicamente los profesionales los que miren por ella. En muchos casos nos hemos vuelto vagos y confiados.

Cardiograma Corazón
Un electrocardiograma (ECG)
Es lógico que si sufrimos una pérdida de conciencia, un corte, una fractura o un cólico acudamos a un hospital para que nos diagnostiquen y traten, pero los datos estadísticos revelan que tan sólo el 25% de los pacientes que acuden a los servicios de Urgencias de los hospitales responden al concepto de urgencia y que de este porcentaje aproximadamente el 11% requiere hospitalización. De estos datos se deduce que más del 70% de las consultas realizadas en este servicio son catalogadas como “inadecuadas" o “consultas banales” que deberían haberse atendido bajo cita en un centro de salud, o sencillamente no deberían haber asustado al paciente porque son tan leves que curan solas o se alivian con remedios sencillos.

La gente acude alarmada incluso por un grano, por una simple faringitis o cefaleas que apenas llevan sufriendo un par de horas. Hay personas que llegan alteradas por haberse detectado bultos “raros” que son perfectamente normales en la anatomía humana, por dolores de barriga después de un atracón, o por sentirse doloridos tras haber empezado a hacer deporte después de años de sedentarismo. Son muy frecuentes los mareos por bajadas de tensión, las quemaduras solares o los casos de ataques de ansiedad por situaciones estresantes, que muchos confunden con infartos al corazón. En este grupo de “urgencias no urgentes” es frecuente encontrarse con los que le echan morro y acuden porque dicen que no les dan cita en el centro de salud, o los que exageran los síntomas que llevan días sufriendo para agilizar la cita con el especialista... y muchos que vienen con su autodiagnóstico, exigiendo pruebas como una resonancia o incluso una intervención estética (fue sonado el caso de una chica que llegó solicitando un implante de mamas). En fin… de todo hay.

En este tiempo de crisis económica, con tantos recortes sanitarios, hay que tener en cuenta que las consultas inadecuadas contribuyen a dilatar las listas de espera, consumen importantes recursos y empeoran la calidad de los servicios hospitalarios. Es evidente que una pequeña inversión en "Educación para la salud" por parte del estado en los centros de enseñanza, las instituciones y los medios de comunicación supondría un enorme ahorro a corto plazo.

Es increíble ver cómo, en plena era de la información, la incultura en temas de salud es enorme. Es obvio que cualquiera podría conocer su organismo si realmente tuviera interés en hacerlo, igual que mucha gente conoce los entresijos semanales de su deporte favorito, las recetas de cocina de su abuela o los secretos de alcoba del mundo del corazón. Pero, a muchos, entender el funcionamiento del organismo y cómo mantenerlo en buenas condiciones no parece importarles. Quizá la culpa sea de las propias autoridades sanitarias o de las empresas farmacéuticas (muchas veces injustamente demonizadas) que en un par de décadas han conseguido que pasemos de ser una sociedad que disponía y usaba remedios caseros para todo, a una sociedad completamente dependiente de la opinión y decisión de un médico. Como casi siempre, lo ideal será conseguir un equilibrio entre estos dos extremos.

La gente lleva ya años abusando de la famosa coletilla “consulte a su médico” y se ha aficionado a consultarlo todo, ya sean nimiedades, normalidades anatómicas o procesos naturales propios de la edad. La solución está en enseñar a la población a distinguir entre lo normal y lo anómalo, entre lo leve y lo preocupante, y por supuesto, en poner en sus manos el conocimiento adecuado para que, cuando sea posible, pueda atajar esas alteraciones no urgentes, no graves, con remedios a su alcance. A su vez, ese mismo conocimiento ayudará a la población a vigilar aquello que realmente sea importante, sirviendo así al propósito del siempre bienvenido diagnóstico precoz de las patologías más severas.

Lo ideal, como siempre, no será tratar lo que ya está alterado en nuestra salud, sino evitar que nuestro organismo llegue a alterarse o, al menos, si ha de alterarse, que lo haga de la manera más lenta que sea posible. Esto es: fomentar la prevención y los hábitos saludables con "Educación para la salud".
Por y para ello inicio este blog. 

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