La situación de crisis económica
ha elevado la incidencia de los riesgos laborales relacionados con el estrés y
la depresión. Se estima que más de la mitad de las bajas laborales son debidas
a estas causas. Según la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo se espera que el estrés laboral aumente en
los próximos cinco años.
Las expectativas económicas de cada país influyen de
manera contundente en los resultados. Mientras que el 70% de los españoles cree
que el estrés laboral aumentará en los próximos años, en Noruega con una economía
menos castigada que tan sólo un 16% es de la misma opinión. Pero a los
españoles nos superan los griegos, con un 83% de pesimistas.
Desde el 2009 se
han disparado las consultas de salud mental en un 30% y se ha producido un
incremento de un 8% en las recetas de antidepresivos. La enfermedad mental aparece, además de
por motivos genéticos, cuando se detecta un factor desencadenante ambiental
importante, como la pérdida del empleo, la incertidumbre, la amenaza laboral o
incluso la pérdida del estatus social.
Aunque el estrés no es algo malo en sí mismo (algo que trataré más adelante
en otra entrada), si pasamos largo tiempo con un trabajo excesivo sin obtener
resultados satisfactorios, los elementos de alerta naturales que genera el
estrés se cronifican, y sitúan a nuestro organismo en una situación muy problemática que afecta a nuestra salud. Se producen una serie de trastornos
adaptativos, entre los que se encuentran la angustia, la depresión o la ansiedad, que en ocasiones llegan a descompensar a la persona pudiendo desencadenar una enfermedad mental hasta ahora latente o
provocar brotes en aquellos que ya padecían psicosis o esquizofrenia. Ante
situaciones de desmoralización, acoso laboral o inseguridad también es frecuente
que puedan aparecer más casos de drogodependencia o que se induzcan nuevas
adicciones.
El estrés
laboral tiene un coste económico elevadísimo y es responsable del repunte de las enfermedades no mentales pero relacionadas con el
estrés como la hipertensión, la obesidad, las cefaleas, los dolores musculares, las palpitaciones,
la irritabilidad, el abuso de sustancias, el insomnio, los trastornos
digestivos, los resfriados continuos, los herpes, las aftas bucales, las
alteraciones de la piel, la caída del cabello, las úlceras, las
cardiopatías, etc., todo ello efecto secundario de ese estrés crónico.
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