domingo, 29 de septiembre de 2013

(1) Estrés laboral, depresión, crisis y sus riesgos para la salud.

La situación de crisis económica ha elevado la incidencia de los riesgos laborales relacionados con el estrés y la depresión. Se estima que más de la mitad de las bajas laborales son debidas a estas causas. Según la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo se espera que el estrés laboral aumente en los próximos cinco años. 
Las expectativas económicas de cada país influyen de manera contundente en los resultados. Mientras que el 70% de los españoles cree que el estrés laboral aumentará en los próximos años, en Noruega con una economía menos castigada que tan sólo un 16% es de la misma opinión. Pero a los españoles nos superan los griegos, con un 83% de pesimistas.

Desde el 2009 se han disparado las consultas de salud mental en un 30% y se ha producido un incremento de un 8% en las recetas de antidepresivos. La enfermedad mental aparece, además de por motivos genéticos, cuando se detecta un factor desencadenante ambiental importante, como la pérdida del empleo, la incertidumbre, la amenaza laboral o incluso la pérdida del estatus social.

Aunque el estrés no es algo malo en sí mismo (algo que trataré más adelante en otra entrada), si pasamos largo tiempo con un trabajo excesivo sin obtener resultados satisfactorios, los elementos de alerta naturales que genera el estrés se cronifican, y sitúan a nuestro organismo en una situación muy problemática que afecta a nuestra salud. Se producen una serie de trastornos adaptativos, entre los que se encuentran la angustia, la depresión o la ansiedad, que en ocasiones llegan a descompensar a la persona pudiendo desencadenar una enfermedad mental hasta ahora latente o provocar brotes en aquellos que ya padecían psicosis o esquizofrenia. Ante situaciones de desmoralización, acoso laboral o inseguridad también es frecuente que puedan aparecer más casos de drogodependencia o que se induzcan nuevas adicciones.

El estrés laboral tiene un coste económico elevadísimo y es responsable del repunte de las enfermedades no mentales pero relacionadas con el estrés como la hipertensión, la obesidad, las cefaleas, los dolores musculares, las palpitaciones, la irritabilidad, el abuso de sustancias, el insomnio, los trastornos digestivos, los resfriados continuos, los herpes, las aftas bucales, las alteraciones de la piel, la caída del cabello, las úlceras, las cardiopatías, etc., todo ello efecto secundario de ese estrés crónico.

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