Así de sencillo. Esa es la premisa básica e indiscutible para conseguir abandonar para siempre el hábito tóxico más extendido en la actualidad. ¿Y en qué me baso? Podría esgrimir a favor de esta conclusión mi propia experiencia profesional con los pacientes, las múltiples sesiones de terapia de grupo que he dirigido, los años de consulta en los que he realizado las anamnesis a miles de personas o los casos que conozco entre mis familiares y amigos. Pero seré mucho más simple: lo digo porque es de sentido común.
¿Acaso alguien que disfruta con el tabaco está dispuesto a sufrir y cambiar para siempre? ¿Hay algún fumador sin motivación para dejarlo que no haya recaído al poco tiempo? Una cosa está clara, sin intención ni esfuerzo no habrá éxito. Así que si eres de los que disfrutas con el tabaco, de los que se sienten molestos con los que le proponen dejar de fumar… sencillamente, no lo intentes porque sólo conseguirás defraudar a quienes te aprecian y miran por tu salud.
En los años de ejercicio profesional me he encontrado con centenares de fumadores compulsivos que a lo largo de su vida han intentado dejar de fumar en innumerables ocasiones pero sin ningún éxito. En la mayor parte de los casos esas personas y sus familias habían perdido la fe en sí mismas, y consideraban cualquier nuevo intento de deshabituación como una pérdida de tiempo. Tras una breve charla era fácil darse cuenta de que en prácticamente ninguno de esos intentos por dejar de fumar la intención había sido sincera, sino que había estado motivada por un familiar cercano, por una promesa, por una apuesta… La mayoría de estas personas había consumido su propia credibilidad en apuestas que estaban perdidas de antemano. Los intentos fallidos suponen un enorme daño para quien, pasados los años, cambia su actitud hacia el tabaco y consigue por fin motivarse.
Una vez me encontré con un hombre de unos treinta y cinco años que reconocía haber intentado dejar de fumar en más de 10 ocasiones habiéndolo conseguido como mucho durante 7 semanas. Sus motivaciones eran del tipo “para no gastarme una pasta”, “para que mi novia me deje de dar la brasa” o “para que mi ropa no huela mal”, pero en aquella ocasión era distinto porque sufría un problema en un pulmón después de un accidente laboral y sabía que tenía que dejarlo si no quería complicaciones severas en el futuro. En esta ocasión sus motivos eran mucho más sólidos y su interés verdadero, pero los múltiples fracasos en el pasado hacían que dentro de su motivación sus expectativas de éxito fueran pocas. Lo más difícil fue conseguir que volviera a creer que podía conseguirlo y, una vez logrado este punto, el hombre consiguió dejar de fumar de manera definitiva en poco más de 3 meses.
Tengo que reiterar que tras estudiar a fondo distintas técnicas de deshabituación tabáquica, y conocer de primera mano terapias de todo tipo (incluso las casi mágicas), la conclusión más indiscutible a la que he llegado es que, si quieres dejar de fumar, lo primero que debes hacer es proponértelo seria y sinceramente y después ya encontrarás la manera o terapia que más te convenza.
En breve compartiré con vosotros una de las técnicas para dejar de fumar con la que más éxitos he logrado. No es sencilla, porque el objetivo tampoco lo es, pero en un tema tan serio como este lo que hay que buscar no es la rapidez sino que el resultado final sea exitoso.
(Dentro de unos días subiré una entrada con un rápido test para medir el nivel de motivación y saber así si se es o no apto para un programa de deshabituación).
Si no tienes voluntad y no encuentras una motivación lo suficientemente sólida… ni te molestes en dejarlo. Simplemente sigue fumando, que lamentablemente ya te motivarás tarde o temprano.

